Siempre que viajo a uno de estos destinos, lo primero que meto en mi maleta es buena disposición, dejo enterrado cualquier prejuicio y trato siempre de disfrutar a tope de la experiencia.

Marrakech está muy cerca de Canarias, a solamente 2 horas de avión. Tiene un aeropuerto imponente donde tendrás que pasar tres controles hasta llegar a la zona de equipajes. Nosotros veníamos a una convención de trabajo y nos alojamos en Eden Alandalou Spa and Water Park, un hotel 5 estrellas con un precio muy competitivo pero que yo no cambiaría por cualquiera de los 4 estrellas con los que Barceló Hotel Group cuenta en Canarias 😉. El tiempo era fantástico, soleado con 25 grados durante el día, y eso si, un contraste muy grande por la noche, nos poníamos en 10ºC.

Al día siguiente visitamos el Zoco y la mezquita Kutubía a la que la llaman la pequeña Giralda. Es impresionante su mercado, con sus contrastes, sus olores, su caos, motos circulando, ver la pillería de los comerciantes para vender, la expresión de sus rostros… y la habilidad natural para trabajar manualmente.

Hasta aquí mi impresión del país. Pero mis viajes no son viajes si no busco un hueco para entrenar,siempre digo que salir a correr es mi cuarta comida del día. Por eso os contaré como planificamos el trabajo mi entrenador Elías Dominguez y yo, cuando nos toca viajar.

Es verdad, que al principio, siempre intentábamos seguir con la rutina haciendo el entreno fuese como fuese, pero nos dimos cuenta que no funcionaba. Porque cuando viajas no descansas igual, no comes igual y habitualmente el nivel de estrés es mayor… por lo que hemos decidido durante los viajes mantener y sumar, tratando de hacer rodajes en progresión y algunos intervalos a ritmos de carrera.

El día siguiente a mi llegada salí del hotel para hacer el trabajo de intervalos. Hay unas carreteras interminables con un carril para motos que te permiten correr en plano muchos kilómetros por un buen asfalto (y si, las motos se apartan cuando pasas).

Al día siguiente salí a rodar 60’ perdiéndome por los alrededores del hotel, calles sin terminar, cambiando asfalto y tierra, saludándome con los niños que esperaban la guagua del cole y disfrutando muchísimo sin mirar ritmos ni tiempos… era sorprendente ver los contrastes y ver como a un margen de la vía principal había unas mansiones brutales y al margen contrario, viviendas unifamiliares de familias que sin duda contaban con muy pocos recursos. Para que os hagáis una día el sueldo medio en Marruecos es de 2300 dirhams (230€ al cambio) y los alquileres están entorno las 1500 dirhams (150 euros).

Hasta aquí mi experiencia en Marrakech a modo resumen. No sé si volveré, pero he aprendido muchísimo y hoy, valoro mucho más nuestras libertades, algo de lo que casi nunca nos acordamos…

 

Pd. Un agradecimiento especial a Carlos de Carsams Produccion Audiviosual que se escapó conmigo del hotel para hacer estas fotos tan chulas!!

 

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